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“El Gobierno y el Mercado”

Autor Guillermo Augusto Pérez Merayo
Derechos de Autor

En general el capítulo en análisis se refiere a la problemática de la configuración del Estado como aquella entidad que integra a la población, en un territorio, sujeta en un marco jurídico y dirigida por un gobierno.

Recuerdo bien cuando inicié mi carrera de derecho, tuve que llevar una materia que era de economía, en la clase inicial el profesor no hizo un exposición sobre “cañones y mantequilla” en esa época estaba de moda el famoso premio Nóbel de Economía Paúl Samuelson. En esta, la presentación dilucidaba entre las opciones que tenía un Estado en la dirección de la economía nacional cuales eran de producir cañones para hacer la guerra, producción que solo podía comprar el mismo Estado para sus militares y quizás para venderlos en el extranjero. Esta primera opción, implicaba una gran inversión industrial que daba trabajo a pocos, le quitaba mucho dinero al Estado y en realidad beneficiaba a muy pocos. La otra opción era fomentar la producción de mantequilla lo cual podían hacer una gran cantidad de ciudadanos, esta servia para alimento, para cocinar, hornear y otros; como subproductos estaban, la leche, los quesos y productos relacionados, que podrían venderse en ámbito nacional por muchos intermediarios así como en el extranjero, lo que aportaría riqueza nacional al país y a los trabajadores.

En cierta forma aunque parece simple la escena, pensándolo bien esta lleva consigo una profunda relación de intereses, situaciones, acciones y omisiones que pueden generar riqueza o pobreza y/o beneficio para pocos o para muchos; todo depende del sistema resultante de la mezcla de aspectos económicos, políticos, sociales y jurídicos.

Por un lado el sistema puede ser de inclinación socialista en el cual predomina el interés del grupo y suele estar dirigido por principios en los cuales el Estado (como clase gobernante) tiene una hegemonía predominante en la cual se irroga el poder de velar por los intereses del pueblo. En algunos casos extremos se habla de la “dictadura del proletariado” en donde “el partido” usualmente único se irroga velar por esos intereses, la economía suele ser “centralizada” o dirigida, por regla general los intereses del grupo privan sobre los de los individuos. Los resultados de estos extremos no suelen ser muy halagadores ya que al desaparecer los “incentivos monetarios” por incentivos ideológicos, la población pierde la iniciativa y llega a un entreguismo de hacerse las cosas según lo estipula, propone y dirige el Estado.

El otro extremo de las Economías de Mercado (liberales), donde el espíritu del capitalismo o de enriquecimiento a ultranza era la ideología predominante, también tiene sus problemas. En realidad la última vez que esto ocurrió como una realidad fue en la época de los regímenes de las “monarquías absolutistas” (mas o menos entre 1815 – 1850), como ejemplo en cierto momento uno de los líderes de uno de estos modelos en Francia, creo era Napoleón III, le dijo a los que lo habían llevado al poder, “Enriche vous” o háganse ricos, dando entender que el “pillaje” sin tener miramientos de la pobreza social, que esta expoliación causaba, era algo permitido.

Quizás ambos extremos ha resultado en fracaso y han puesto en evidencia la necesidad de ambos conceptos para arribar a un punto intermedio en donde, ni se anula la individualidad, ni se permite como en algunos casos de los extremos a que llevó el liberalismo, de la explotación del hombre por el hombre. Se puede decir que la economía de mercado resulta ser el mejor modelo con el cual iniciar, por supuesto, siempre y cuando se le introduzcan limitaciones, y es aquí donde el Estado se convierte en una pieza importante que establece controles de distinto tipo con el fin de armonizar ambos conceptos en pro de un interés nacional (social).

Son excepción del Sacro Imperio Romano de Carlo Magno, los gobiernos no surgen como una “inspiración de Dios” con un fin especial de atender al rebano de los hombres. Seamos claros, los gobiernos surgen de la “necesidad que tiene el Estado”, llámese clase social o individuos de establecer un poder que viabilice un proyecto político económico acorde a sus intereses. Si bien esto fue así al inicio, en el Estado Policial del siglo XVIII o como en el extremo del gobierno de la República de Weimar (en Alemania de la pre-guerra), progresivamente el poder usado de manera absoluta fue “apaciguado” por procesos históricos de rebelión. El resultado fue la elaboración (impuestas al poder) de las Constituciones Nacionales que vinieron a reconocer los derechos individuales (respeto a la vida), luego los derecho colectivos o sociales (derecho de reunión) y posteriormente los discutidos derechos económicos como el derecho al trabajo.

Progresivamente el modelo fue evolucionando hacia una interacción civilizada entre el estado y el mercado, en donde ambos tienen una influencia controlada sobre la producción, el consumo y el cambio, este se ha venido a llamar un sistema de economía mixta. Así el Estado vino a encarnar los intereses globales de los grupos sociales participantes en la sociedad, unos con mayor poder que otros, si bien otros grupos (de presión e interés) del Estado utilizaron las estructuras del Estado para obtener poder político. O sea, el sistema mientras permite que exista la propiedad privada y se cree riqueza, el Estado también vela por la garantía de los intereses sociales o de la colectividad. En parte esto se concreta en la distribución equitativa de la riqueza que tiene como fin evitar los abusos de un grupo sobre otro y que llevaron a los excesos del pasado.

El Estado también tiene otras funciones como son las de incentivar la economía de un país, darle una relativa estabilidad al sistema, proveer un marco jurídico que establezca las “reglas del juego” y permita una situación social de bienestar para la población tal como la educación y la seguridad social. El Estado debe habilitar una infraestructura que promueva el desarrollo económico y que traiga beneficios sobre la población, estos son carreteras, ferrocarriles, puertos, alumbrado, agua y otros servicios básicos para el bienestar de la población. Para que esto ocurra el estado debe hacer inversiones lo que implica el fomento de la economía y en cierta forma una redistribución de la riqueza, esto suele plasmarse en políticas monetarias, crediticias que se engloban el Presupuesto Nacional.

También los Estados son gestores de las relaciones externas de los productores nacionales con los compradores en el extranjero, esto implica la inserción del país en la globalización mundial que trae riqueza al país y beneficios a sectores relacionados directa o indirectamente con las exportaciones.

El Estado como tal entidad actora de todo sistema también compra y vende servicios, quizás es el más grande comprador y empleador en la economía de cualquier país, con esto el estado puede acelerar la economía de un país o frenar la actividad económica y de hecho para lograr la estabilidad económica suele utilizarlos.

Si bien en el concierto de las naciones no existe un modelo de gobierno que sea perfecto, progresivamente se ha venido generando un modelo cada vez es más equitativo y que presta mejores servicios (educación, salud, etc.)  en el futuro se sabe que estos deben ser cada vez más democráticos y participativos de la sociedad civil y la transparencia debe constituirse en su fundamento.

En general la sociedad nacional en concierto debe velar por un modelo no solo estable, equitativo y que respete la propiedad privada, si no en uno que plante un proyecto a futuro autosostenible en lo que se refiere a lo ambiental. Este último principio constituye la esencia de las generaciones futuras de disponer de un hábitat que permita la vida de estas y sus descendientes.

Mini ensayo originado en el Capitulo Tercero, del libro “Análisis del Entorno”, autor Cristóbal Pérez-Jerez Alvarado, San José, 2003

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